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La Pasión de Cristo en 3 claves esotéricas



Durante la Semana Santa se conmemora la Pasión de Cristo. Se trata de la denominación convencional utilizada para englobar los episodios evangélicos que narran los sucesos protagonizados por el Maestro Jesús entre la última cena y su crucifixión y muerte.  

Se utiliza el término "pasión" porque la palabra proviene del latín passio y del griego pathos, términos que significan "sufrimiento", "padecimiento" o "soportar".

Comparto aquí 3 claves para entender este proceso desde el punto de vista espiritual.


1. LA FE ES CLAVE PARA LA SANACIÓN

Las investigaciones científicas observan que, cuando se hacen experimentos con personas, el placebo funciona incluso cuando el individuo sabe que está tomando una pastilla sin principio activo. 

Se trata de un simple ritual que demuestra el poder de la mente para transformar el cuerpo al concentrar energía e intención. Es, en esencia, una forma de fe que podemos activar en nosotros conscientemente.

La fe actúa así como una especie de exorcismo interior: purifica la conciencia de impulsos destructivos y disuelve los patrones que nos dominan.
Es por ello que dedicarse consciente y sinceramente a las “obras de luz” es un proceso de revaluación que elimina hábitos nocivos. Pero funciona mejor si elevamos nuestro nivel de consciencia y las intenciones son puras, no provenientes del ego.

Este es el mismo mecanismo psicológico que explica los “milagros” de Jesús al sanar enfermos. De hecho, los evangelios insisten en que siempre les decía: "tu fe te ha sanado".

Como afirman los estudios místicos: “La fe y la luz son las que llevan a cabo todas las maravillas”. 

Esa luz, ese espíritu o divinidad que operaba a través de Jesús, y que se conoce como energía crística, también habita en nosotros sí así lo creemos. Es la fuerza personal que nos impulsa a actuar desde nuestra divinidad interior. 

Por un simple acto de fe, el ser humano supera la distancia entre sí mismo y Dios. Mientras la mente analiza, el corazón acepta y se une a lo que no conoce. Por eso, quien tiene fe puede mover montañas.


2. JESÚS MUERE PARA LIBERAR LA ENERGÍA CRÍSTICA 

En el misticismo cristiano existe un término griego que explica un proceso de éxtasis religioso en el cual el individuo se vacía para que lo divino lo ocupe. Se llama kénosis y evoca también el concepto oriental de vaciar la mente. 

En el caso cristiano se trata de perder la importancia personal para entregarse al otro. Sobre ello, Rudolf Steiner, esoterista y fundador de la antroposofía, dice lo siguiente:

Cuando nos sumergimos amorosamente en otros seres, nuestras almas permanecen inalteradas; el hombre sigue siendo hombre incluso cuando va más allá de sí mismo y descubre a Cristo en su interior.

Jesús logró ese vaciamiento para conectarse con energía superior, y solo así pudo ponerla a disposición de todos por el Misterio del Gólgota, entendido como el impulso crístico que se fusionó con la Tierra al momento de su muerte. 

El Maestro hizo descender la energía crística al planeta sacrificando a su su yo inferior, a su ego (Jesús, el hombre). En ese instante descendió a este plano una esfera de luz que cambió la evolución terrestre. Esa fue la "salvación" prometida

Desde entonces, tenemos la posibilidad de vivir la experiencia mística de sentir que una energía superior vive en nosotros. 
 Es una esencia que nos envuelve y se integra al mismo elemento que lleva el alma de vida en vida, de encarnación en encarnación. 

Es también la experiencia mística que convirtió a Jesús en Jesucristo, y a la que podemos aspirar a través de un entrenamiento en el amor incondicional. 

La vivencia fue expresada por San Pablo, “No yo, sino Cristo en mí”. El místico canadiense Manly P. Hall lo repetía siempre: "No yo, sino Cristo en mí". 

En el sentido más esotérico la frase sugiere que todos los hombres no son más que un solo Hombre Cósmico, que aprende a integrar energías de luz a través de la encarnación en múltiples personalidades. 

Sin embargo, en el origen y en el fin no es más que un único Ser: el Purusa de los hindúes, el Anthropos del hermetismo, el Hombre de Luz del misticismo iraní, el Adam Kadmon de los cabalistas, el hombre primordial, el arquetipo... 

El paleontólogo jesuíta Pierre Teilhard de Chardin creía que toda la materia, como depositaria de la semilla del espíritu, evolucionaba con cada encarnación hacia Cristo, pasando desde al Alfa al punto Omega.   
 

3. CADA ALMA CONSTRUYE A SU CRISTO INTERIOR

El misticismo no entiende el ministerio de Jesús como un acto de salvación de las almas pasivo y automático, sino que el alma individual debe reconocer ese mismo proceso en sí misma y "reactuarlo". 

La salvación no ocurre en un futuro a través de una intercesión externa, sino en una identificación presente con la divinidad. 
Más que una acción proyectada en el tiempo, es una percepción o una realización de la naturaleza intrínseca. 

Pero esta experiencia, sugiere el misticismo, debe construirse individualmente. Generalmente como resultado de la virtud, la caridad, la meditación y la elevación de la consciencia. 

Jesucristo solo muestra el camino de la experiencia mística inmanente. Los demás debemos crearla como parte de un  proceso de evolución y crecimiento. 

Para los alquimistas Cristo es el símbolo de la piedra filosofal o del alma perfeccionada. También está simbolizada en un fénix, el ave que renace de sus propias cenizas. 

Los diferentes procesos de transformación de la materia para conseguir el oro son símbolos de un proceso de transformación de la sustancia material para la expresión y liberación del poder espiritual. 

El médico y místico alemán Angelus Silesius escribe:

Hasta que Cristo no nazca dentro de ti, tu alma no estará entera, aunque en Belén mil veces más naciera. Miras en vano al misterio de la Cruz hasta que en ti otra vez no se crucifique Jesús.

El místico Meister Eckhart agrega:

Celebramos porque el nacimiento del Jesuscristo eterno se sostiene una y otra vez en la eternidad y ahora es real en la naturaleza humana. San Agustín dice que este nacimiento siempre está ocurriendo. ¿Pero si no ocurre en mí, de qué me sirve? Lo que importa es que ocurra también en mí. Por eso intentamos hablar de este nacimiento como ocurriendo en nosotros, como siendo consumado en el alma virtuosa, ya que es en el alma perfeccionada que Dios pronuncia su palabra.


Herramientas clave para meditar en estos días:

Técnica de Encarnación Crística 

Técnica en 7 iglesias para situaciones desesperadas



Fuentes consultadas: https://pijamasurf.com/2016/03/5-ensenanzas-misticas-de-la-muerte-y-resurreccion-de-cristo/


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