¿Qué sigue después del Domingo de Resurrección?
Después del Domingo de Resurrección hay procesos internos de los que no somos conscientes. Cada año surge una nueva agenda que podemos ver ejemplificada en El Calendario del Alma de Rudolf Steiner.
Se trata de un mapa espiritual de 52 versos que comienza siempre el Domingo de Pascua o de Resurrección. Acompaña el viaje del alma durante todo el año y es como un espejo que nos ayuda a sentir cómo la naturaleza y el cosmos hablan dentro de nosotros.
Fuentes consultadas
La Semana 1, la que sigue a la Semana Santa es la más sagrada. El verso de esta semana inicial dice:
Aquí se celebra la Resurrección no solo como un hecho histórico, sino como un evento que ocurre dentro de cada persona. Después de la crucifixión (el dolor y la muerte del ego), llega la victoria del Yo espiritual.
Energéticamente pasa algo muy sutil y poderoso: una corriente de luz crística desciende del cosmos y toca el corazón humano. Es una fuerza de vida nueva que nos libera de lo viejo y nos une al mundo espiritual.
La mayoría no lo notamos porque es silencioso, como un susurro. Vivimos la Pascua comiendo chocolate o yendo a misa, pero dejamos pasar la verdadera energía que baja.
Cada año, al cruzar el Domingo de Resurrección, avanzamos un escalón invisible en nuestra vida. Nuestro Yo se hace un poquito más fuerte, más libre y más consciente. Algo dentro de nosotros “resucita”: una capacidad de amor, de claridad o de coraje que antes dormía.
¿Cómo verlo y aprovecharlo?
Siéntate 10 minutos al día en silencio. Lee el verso despacio. Cierra los ojos y siente el sol en tu cara (o imagina su luz). Pregúntate: ¿qué alegría nace en mi alma? Deja que los pensamientos se expandan hacia el cielo. Escribe una línea al final del día. Así internalizas esa energía que desciende y la haces tuya.
La Resurrección se nos presenta cada año y nos da una nueva oportunidad de conectar con nuestro Yo interior. No la dejes pasar.
Cuando desde las vastedades del mundo el sol habla al sentido humano y la alegría desde las profundidades del alma se une a la luz en la mirada, entonces salen desde la envoltura de la mismidad pensamientos hacia las lejanías del espacio y enlazan vagamente la esencia del hombre a la existencia del espíritu.
Aquí se celebra la Resurrección no solo como un hecho histórico, sino como un evento que ocurre dentro de cada persona. Después de la crucifixión (el dolor y la muerte del ego), llega la victoria del Yo espiritual.
Energéticamente pasa algo muy sutil y poderoso: una corriente de luz crística desciende del cosmos y toca el corazón humano. Es una fuerza de vida nueva que nos libera de lo viejo y nos une al mundo espiritual.
La mayoría no lo notamos porque es silencioso, como un susurro. Vivimos la Pascua comiendo chocolate o yendo a misa, pero dejamos pasar la verdadera energía que baja.
Cada año, al cruzar el Domingo de Resurrección, avanzamos un escalón invisible en nuestra vida. Nuestro Yo se hace un poquito más fuerte, más libre y más consciente. Algo dentro de nosotros “resucita”: una capacidad de amor, de claridad o de coraje que antes dormía.
¿Cómo verlo y aprovecharlo?
Siéntate 10 minutos al día en silencio. Lee el verso despacio. Cierra los ojos y siente el sol en tu cara (o imagina su luz). Pregúntate: ¿qué alegría nace en mi alma? Deja que los pensamientos se expandan hacia el cielo. Escribe una línea al final del día. Así internalizas esa energía que desciende y la haces tuya.
La Resurrección se nos presenta cada año y nos da una nueva oportunidad de conectar con nuestro Yo interior. No la dejes pasar.
Fuentes consultadas
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